Un homenaje colectivo

Alguna vez pensé en anticiparme: en escribir estas palabras antes de que llegara la mañana del cinco de junio de 2026. Probablemente, Indio, tengas mucha influencia en la forma en que entiendo la vida, la muerte y el amor. Por eso te escribo.

Desde la infancia hasta esta juventud que nunca se asume adulta. Desde «Mi perro Dinamita» hasta «Encuentro con un ángel amateur». Desde la inocente curiosidad de saber qué le pasó a aquella solitaria vaca cubana, hasta el profesorado en filosofía, en el intento de ser un público respetable. Los amigos, la familia, la militancia: tres maneras de nombrar lo mismo. Ésta es la vida, la que ayudaste a vivir.

La muerte siempre aparece, por todos lados y de las peores formas. Por eso estas prácticas de resistencia, contra lo estático y contra lo efímero, en defensa de un estado de ánimo cada vez más agredido. Bancando —luzca el Sol o no— el intento de hacernos cargo de nosotros mismos, para alcanzar un sentido que contrarreste a la empresa, a la cultura frita y que calle el ruido del futuro.

Sería imposible conformarse escribiendo. Quedaría siempre esa distancia entre estos burdos intentos y la literatura a la que nos acostumbraste. Por lo tanto, la tarea es colectiva. El amor queda ahora en nuestras manos. Prometemos ser graciosos y valientes para que la adversidad no triunfe. Seguiremos invitándote a nuestros almuerzos familiares, a la juntada con amigos y a las plazas.

Para alguien que siempre lo tuvo todo, fuiste la posibilidad de ser más que uno. Por eso tanto amor.

- Elías de Mar del Plata