«Pensando en vos siempre, siempre extrañándote»

  1. Uma lembrança brasileira (con traducción)

    por Gustavo de Porto Alegre

    Pode parecer um pouco estranho um brasileiro falar de Indio Solari. O fato é que a distância, nesse caso, dá a real dimensão da importância do artista para o seu povo.

    A primeira vez que ouvi a música de Indio foi dentro da minha casa, hospedando dois amigos de Buenos Aires que, por agradecimento da gentileza, me deixaram uma pendrive com rock argentino. Ali ouvi Juguetes Perdidos pela primeira vez. Impressionado com a voz firme, a guitarra genial e a letra poética, perguntei imediatamente que banda era aquela. Isso, no tardio ano de 2006. Já não havia mais Los Redondos juntos, mas, para mim, a descoberta trazia o presente de uma história gigantesca para conhecer e explorar.

    Os anos seguiram com a música de Indio sempre presente. O vídeo de “Jijiji en Racing” de 1998, por exemplo, eu vi centenas de vezes, bem como outras tantas músicas. Veio também a vontade de ver Indio ao vivo, num dos shows apoteóticos anuais. Não fiz isso e o tempo foi passando. Até que eu vi que não teria mais essa oportunidade quando os Fundamentalistas começaram a tocar sem ele. Uma pena, mas, enfim, Indio não foi menos importante pessoalmente para mim por causa disso.

    E quando chegou a partida de Indio, me surprendi com a importância dele para outros brasileiros. Gente que como eu nunca teve a oportunidade de vê-lo ao vivo ou tiveram um conhecimento tardio de sua obra. A distância, olhamos com respeito a sua passagem para a imortalidade, do jeito mais argentino de ser: intenso, apaixonado, vibrante. Indio agora não é mais uma única pessoa, é um dos alicerces da memória musical coletiva de um país.

    Obrigado, Indio!


    Puede parecer un poco extraño que un brasileño hable del Indio Solari. El hecho es que la distancia, en este caso, da la dimensión real de la importancia del artista para su pueblo.

    La primera vez que escuché la música de Indio fue en mi casa, hospedando a dos amigos de Buenos Aires que, en agradecimiento por su amabilidad, me dejaron un pendrive con rock argentino. Allí escuché por primera vez Juguetes Perdidos. Impresionado por la voz firme, la guitarra brillante y las letras poéticas, inmediatamente pregunté qué banda era. Esto, a finales del año 2006. Ya no estaban Los Redondos juntos, pero, para mí, el descubrimiento trajo el regalo de una historia gigantesca por descubrir y explorar.

    Los años continuaron con la música del Indio siempre presente. El vídeo de “Jijiji en Racing” de 1998, por ejemplo, lo he visto cientos de veces, al igual que muchas otras canciones. También estaban las ganas de ver al Indio en vivo, en uno de los espectáculos apoteóticos anuales. No hice eso y pasó el tiempo. Hasta que vi que ya no tendría esa oportunidad cuando los Fundamentalistas comenzaron a tocar sin él. Una pena, pero de todos modos, Indio no era menos importante para mí personalmente por eso.

    Y cuando llegó la partida del Indio, me sorprendió lo importante que era para otros brasileños. Personas como yo nunca tuvimos la oportunidad de verlo en vivo o tuvimos un conocimiento tardío de su obra. Desde la distancia, miramos con respeto su paso a la inmortalidad, en la forma de ser más argentina: intensa, apasionada, vibrante. Indio ya no es una sola persona, es uno de los pilares de la memoria musical colectiva de un país.

    ¡Gracias indio!

    (Traducción revisada a partir de un traductor automático)

  2. A la niñez

    por Jazmín de Mar del Plata

    Conocí al Indio muy temprano, era solo una niña, mi padre siempre hacía sonar sus canciones a través de cd’s que ponía en su microcomponente. Nunca lo vi en vivo; o bueno si, lo escuché, según me relatan, cuando aun estaba en el vientre de mi madre (un recital al que fueron cuando ella estaba embarazada de 8 meses junto con mi padre cuando estaban juntos… aun tocaban los redondos en espacios reducidos). Nunca fui una fiel seguidora, quizás por eso nunca los fui a ver en vivo, pero sus canciones acompañaron toda mi vida, desde que era un embrión hasta el día de la fecha; y creo lo seguirán haciendo el resto de mi vida; porque sí, el tiempo pasó y si bien la relación con quién me hizo conocerlo hoy no es perfecta, me lo presentó y eso no se olvida nunca y se agradece siempre. Mi viejo fue su amigo, creo que con el paso del tiempo perdieron contacto; pero los redondos ensayaban en un espacio muy cerca de la casa de uno de los mejores amigos de mi padre, por lo cual, fueron de los primeros que los seguían a todos lados cuando ellos no tocaban más que para 10 personas; hay fotografías de esos momentos que han capturado que pude ver, hay fotografías del Indio con mi viejo abrazados, en un abrazo que parece fraterno. Yo nunca lo conocí personalmente, no tuve la oportunidad; pero tengo la fortuna de que sus canciones acompañaran/acompañan muchos momentos de mi vida que viven conmigo eternamente. Buenos días y buenas noches Indio, hasta siempre.

  3. Volví a llorar

    por Emiliano de Mar del Plata

    Ya pasado unas semanas creí que el duelo estaba terminado. Ese día que lloré en mi casa, al enterarme. Lloré al escuchar Los Redondos. Reí rememorando algunas canciones, pero lloré al darme cuenta que se había ido. Lloré en el colectivo, mientras iba a cursar. Quedé huérfano, el Indio sin que yo sepa era una figura muy importante. Quedó en todas las etapas de mi vida. Creí que no iba a volver a llorar. Pero hoy reviví todo el sentimiento, y sigo huérfano. Te extraño Indio. Que la muerte te haya encontrado vivo. ∞

  4. Un homenaje colectivo

    por Elías de Mar del Plata

    Alguna vez pensé en anticiparme: en escribir estas palabras antes de que llegara la mañana del cinco de junio de 2026. Probablemente, Indio, tengas mucha influencia en la forma en que entiendo la vida, la muerte y el amor. Por eso te escribo.

    Desde la infancia hasta esta juventud que nunca se asume adulta. Desde «Mi perro Dinamita» hasta «Encuentro con un ángel amateur». Desde la inocente curiosidad de saber qué le pasó a aquella solitaria vaca cubana, hasta el profesorado en filosofía, en el intento de ser un público respetable. Los amigos, la familia, la militancia: tres maneras de nombrar lo mismo. Ésta es la vida, la que ayudaste a vivir.

    La muerte siempre aparece, por todos lados y de las peores formas. Por eso estas prácticas de resistencia, contra lo estático y contra lo efímero, en defensa de un estado de ánimo cada vez más agredido. Bancando —luzca el Sol o no— el intento de hacernos cargo de nosotros mismos, para alcanzar un sentido que contrarreste a la empresa, a la cultura frita y que calle el ruido del futuro.

    Sería imposible conformarse escribiendo. Quedaría siempre esa distancia entre estos burdos intentos y la literatura a la que nos acostumbraste. Por lo tanto, la tarea es colectiva. El amor queda ahora en nuestras manos. Prometemos ser graciosos y valientes para que la adversidad no triunfe. Seguiremos invitándote a nuestros almuerzos familiares, a la juntada con amigos y a las plazas.

    Para alguien que siempre lo tuvo todo, fuiste la posibilidad de ser más que uno. Por eso tanto amor.